El circulo carmesi
El circulo carmesi Además, se daba la circunstancia de que la presencia de Parr hubiera podido resultar harto embarazosa, pues Yale tenÃa que comunicar al comisario algo que no convenÃa que el inspector escuchara. Ya casi habÃan terminado de comer cuando Yale soltó la bomba, y su efecto fue tal que el comisario no tuvo más remedio que apoyarse sobre el respaldo de su silla, boquiabierto.
—¡Alguien de la jefatura de policÃa! —dijo, incrédulo—. ¡Eso es imposible, señor Yale!
Derrick Yale movió la cabeza de derecha a izquierda.
—Yo no tildarÃa nada de imposible, señor —dijo—. Además, ¿no le parece que todas las evidencias tienden a confirmar esa teorÃa? El CÃrculo Carmesà se anticipó a cada intento que realizamos para desbaratar sus planes. Por fuerza, el que mató a Sibly fue alguien que tenÃa acceso a su celda. ¿Quién pudo ser sino alguna autoridad de la jefatura? Tenga en consideración el caso de Froyant: habÃa numerosos policÃas dentro y fuera de la casa y, aparentemente, nadie entró ni salió.
El comisario estaba más tranquilo ahora.
—Dejemos las cosas claras, señor Yale. ¿Está usted acusando a Parr?
Derrick Yale se echó a reÃr y negó con la cabeza.