El circulo carmesi
El circulo carmesi —¿Se preguntaba usted por qué la contraté como secretaria? Le dije que era porque creÃa que nos acercarÃa al CÃrculo CarmesÃ. Y yo tenÃa razón.
—Pero ¿por qué la despidió? —preguntó el otro rápidamente.
—Porque hizo algo muy grave que merecÃa el despido, y si no la hubiera destituido entonces, se habrÃa dado cuenta de que yo la tenÃa en mi oficina con algún objeto. Al parecer pude ahorrarme esta molestia —sonrió—, pues su trabajo de esta mañana prueba que conocÃa mis actividades —su estrecho y demacrado rostro se ensombreció y luego dijo, casi con aspereza—: cuando haya usted contado esta noche su historia al primer ministro y a sus amigos, también yo tendré un cuentecito que contar, que seguramente lo va a asombrar.
—Nada de lo que usted diga me asombrará nunca.
El tercer sobresalto del dÃa lo recibió Yale al volver a casa. La primera mitad de la sorpresa fue encontrarse con la ausencia de la criada. La mujer que habÃa contratado no dormÃa en la casa, pero permanecÃa en ella hasta las nueve de la noche. Eran exactamente las seis cuando Derrick Yale entró y se encontró el lugar en tinieblas.