El circulo carmesi
El circulo carmesi —Entonces, esto quiere decir que Thalia se hunde más abajo aún —dijo lentamente—. Si ese Yale es, como cree usted, el CÃrculo CarmesÃ, no habrá misericordia para ella.
—Estoy seguro de eso, pero ¡por Dios, señor Beardmore!, ¿por qué romperse la cabeza por Thalia Drummond?
—¡Porque la quiero, pedazo de idiota! —estalló Jack salvajemente y, acto seguido, pidió perdón por su groserÃa.
—Ya sé que soy algo estúpido —las palabras del inspector se entrecortaban por la risa—, pero no soy el único en Londres, señor Beardmore, créame. Si consintiera usted en seguir mi consejo, se olvidarÃa de que Thalia Drummond haya existido jamás. Y si le sobra algo de cariño…, ¡déselo usted a madre!
Jack estuvo en un tris de decir algo poco lisonjero sobre aquella maravilla de abuela, pero reprimió su impulso.
La casita de Parr ocupaba un primer piso y el inspector subió delante las escaleras; abrió la puerta y permaneció en el umbral.
—Hola, madre —saludó—. He traÃdo al señor Jack Beardmore para que la vea a usted.
Jack oyó una exclamación.
—Pase, señor Beardmore, pase a saludar a madre.