El circulo carmesi
El circulo carmesi Jack penetró en la estancia y se quedó tan tieso como si le hubieran descerrajado un tiro. Frente a él habÃa una muchacha sonriente, algo pálida y con aspecto cansado; pero, indudablemente, a menos que se hubiera vuelto loco, o que soñara, era… ¡Thalia Drummond!
Ella tomó entre las suyas la mano que él habÃa alargado y lo condujo hasta la mesa, donde habÃa una comida servida para tres personas.
—Papá, me dijiste que ibas a traer al comisario —dijo la muchacha en tono de reproche.
—¿Papá? —tartamudeó Jack—. Pero usted me dijo que era su abuela.
Ella le dio unos golpecitos en la mano.
—Papá ha llegado a desarrollar un sentido del humor que raya en lo angustioso. Siempre me ha llamado «madre» en casa, debido a que lo he cuidado como una madre desde murió mi propia madre. Y ese cuento sobre su abuela es un disparate, asà que tiene que olvidarlo.
—¿Su padre?
Thalia asintió.
—Thalia Drummond Parr, asà es como me llamo. Gracias a Dios, usted no es detective, porque, de haberlo sido, habrÃa hecho averiguaciones y habrÃa descubierto mi terrible secreto. Ahora, tómese la sopa, señor Beardmore: la he preparado yo misma.
Pero Jack no podÃa comer ni beber sin saber algo más. Entonces ella comenzó a aclararle el asunto.