El circulo carmesi
El circulo carmesi Jack lo escuchó anonadado. Se quedó inmóvil y sin habla, mientras la muchacha, como si no fuera consciente de la inspección, paraba un taxi y se marchaba en él.
—Y ahora, ¿qué diablos habrá estado haciendo ahí? —se preguntó Parr.
—Una ladrona y cómplice de ladrones —repitió Jack, mecánicamente—. ¡Por Dios! ¿A dónde va usted? —preguntó rápidamente, al ver que el inspector se disponía a cruzar la calle.
—Intento averiguar qué ha hecho en la casa de empeños —dijo Parr, impasible.
—Seguramente ha venido aquí por encontrarse apurada de dinero. No es un delito necesitar dinero.
Jack se dio cuenta de la escasa consistencia de su defensa mientras pronunciaba estas palabras.
¡Thalia Drummond, una ladrona! ¡Era increíble, imposible! Sin embargo no pudo evitar seguir al detective cuando éste cruzó la calle: fue tras él por un oscuro pasillo que llevaba al departamento de préstamos y estuvo presente en la oficina del gerente una vez que un empleado trajo el artículo que la muchacha había empeñado. Se trataba de una pequeña figura dorada de Buda[26].
—Me pareció extraño —dijo el gerente, cuando Parr dio a conocer su identidad—. Sólo quiso diez libras y su valor sobrepasa las cien.