El circulo carmesi
El circulo carmesi —Usted posee un buen número de antigüedades. Tengo entendido que algunas son muy valiosas. ¿Ha echado de menos alguna últimamente?
Froyant se levantó de un salto. La mera sospecha de que pudieran haberle robado era suficiente para hacerlo caer presa del pánico. Abandonó la estancia sin decir una sola palabra. Estuvo fuera tres minutos y, cuando regresó, parecÃa que los ojos se salÃan de sus órbitas.
—¡Mi Buda! —dijo jadeante—. Vale cien libras. Estaba en su sitio esta mañana…
—Llamen a la señorita Drummond —dijo el detective, lacónicamente.
Thalia entró, frÃa y dueña de sÃ. Permaneció junto al escritorio de su jefe con las manos en la espalda evitando mirar al detective.
El encuentro fue breve y, para el señor Froyant, doloroso. La muchacha no parecÃa muy afectada, aun cuando el acerado brillo en los ojos de Froyant denotaba que el hurto habÃa sido descubierto. Por un instante el hombre encontró serias dificultades para enunciar una frase coherente.
—Usted…, usted ha robado algo que me pertenece —bramó Froyant. Su voz se reducÃa a chillidos y la mano acusadora temblaba a causa de la intensidad de sus emociones—. Usted…, ¡usted es una ladrona!