El circulo carmesi
El circulo carmesi Harvey Froyant se levantó al mismo tiempo y se encaminó hacia la salida del juzgado. Para un hombre tan acaudalado como él, el dinero representaba el objetivo y la meta de su vida. Era de esa clase de hombres que cuenta cada noche el contenido de sus bolsillos antes de irse a dormir, y habrÃa ordenado arrestar a su madre en circunstancias similares. A sus ojos, el delito de Thalia Drummond resultaba aún mucho más infame debido a que su último acto de servicio habÃa sido la entrega de la amenaza del CÃrculo CarmesÃ, tribulación de la que aún no se habÃa recuperado.
Froyant era alto y delgado, permanentemente encorvado. Su actitud hacia el mundo era de aguda sospecha, que se habÃa convertido en resentimiento, pues sostenÃa los principios más firmes sobre el sagrado carácter de la propiedad.
Expresó a Parr, que lo seguÃa al salir de la sala, su descontento por el hecho de que la chica no hubiera sido enviada a la cárcel.
—Semejante mujer es un peligro para la sociedad —se lamentó, con voz aguda y quejosa—. ¿Cómo sé que no está aliada con esos canallas que me amenazan? ¡Cuarenta mil es lo que me piden! ¡Cuarenta mil! —gimoteó al decir las últimas palabras—. ¡Es su deber evitar que puedan hacerme daño! Entiéndalo…, ¡es su obligación!