El circulo carmesi
El circulo carmesi —¡Ya lo he oÃdo! —contestó el señor Parr con cansancio—. Y con respecto a la chica, no creo que tenga nada que ver con el CÃrculo CarmesÃ. Es demasiado joven.
—¡Joven! —gruñó el hombre flaco—. Es el momento de castigarlos, ¿verdad? ¡Atrápelos jóvenes y castÃguelos jóvenes, y puede que se conviertan en ciudadanos respetables!
—Quizás tenga usted razón —admitió el recio señor Parr, suspirando. Después añadió sin mucha coherencia—: Los hijos son una gran responsabilidad.
Froyant murmuró algo entre dientes y, sin un solo gesto de despedida, salió rápidamente del edificio y subió a un automóvil que le esperaba en la puerta del juzgado.
El inspector contempló su partida con una suave sonrisa y, mirando a su alrededor, reparó en un joven que esperaba a la entrada de la oficina.
—Buenos dÃas, señor Beardmore —dijo él—. ¿Está esperando para ver a la chica?
—SÃ. ¿Cuánto tiempo la retendrán? —preguntó Jack, nervioso.
El señor Parr lo miró fijamente con ojos inexpresivos y resopló.