El circulo carmesi
El circulo carmesi —Eso es lo que significa. No puedo tener a personas como usted viviendo en una casa respetable. Me he llevado una buena sorpresa con usted, pues siempre la consideré una señorita distinguida.
—Continúe pensando asà —dijo Thalia frÃamente—. Soy joven y distinguida.
Pero la robusta patrona no estaba dispuesta a dejarse interrumpir en su bien ensayada diatriba[33].
—¡Vaya una señorita distinguida que da mal nombre a mi casa! —dijo ella—. Ha estado en prisión durante una semana. Quizás usted creÃa que no me iba a enterar, pero leo los periódicos.
—Estoy segura de ello —replicó la muchacha con calma—. Eso haré, señora Boled. Abandonaré su casa la semana próxima.
—Y me gustarÃa decirle… —comenzó la mujer.
—Échelo por debajo de la puerta —dijo Thalia, cerrando la puerta en las narices de la encolerizada señora.
Como estaba oscureciendo, encendió una lámpara de queroseno[34] y dedicó la tarde a hacerse la manicura, operación que tuvo que interrumpir por la llegada del correo de las nueve. Escuchó el toc-toc en la puerta y el pesado arrastrar de pies de su patrona por la escalera.
—Una carta para usted —la llamó la patrona.