El circulo carmesi
El circulo carmesi Era la hora en que la mayoría de los ciudadanos respetables se retiraban a dormir y las ventanas superiores de las grandes y antiguas casas de la plaza mostraban cuadrados de luz contra los que se perfilaban los contornos de los árboles deshojados, inclinados y oscilantes bajo el ímpetu del vendaval. Río arriba soplaba un viento helado y sus ráfagas entraban, gélidas, en los lugares más recónditos y resguardados.
El hombre que paseaba lentamente junto a la alta verja de hierro tiritaba, a pesar de estar bien abrigado, ya que el desconocido había elegido un lugar de reunión que parecía expuesto a un completo embate[3] de la tormenta.
Los restos del otoño agonizante se arremolinaban en fantásticos círculos sobre sus pies, las hojas y las briznas caían rápidamente desde los árboles que sacudían sus largas y ásperas ramas sobre él y contempló con envidia el agradable resplandor en las ventanas donde, con sólo llamar a la puerta, se le habría recibido como a un huésped bienvenido.