El circulo carmesi
El circulo carmesi —No tengo ni idea —respondió el otro alegremente—. Pero hay algo acerca de él que les puedo contar —dijo, tras una pausa—. Usaba con frecuencia una palabra que no habÃa oÃdo antes. Yo no he recibido una educación selecta, pero me he dado cuenta de que algunas personas tienen palabras favoritas. Una vez tuvimos un viejo capitán que siempre usaba la palabra «mórbido[38]».
—¿De qué palabra se trata? —inquirió Parr.
El hombre se rascó la cabeza.
—Espere que la recuerde y se la diré —dijo.
Acto seguido lo dejaron con sus meditaciones, que eran pocas y probablemente no muy placenteras.
Cuatro horas después, el carcelero le llevó a Ambrose Sibly algo de comer. Estaba tendido en la cama y el carcelero lo sacudió por los hombros.
—Despierta —dijo.
Pero Ambrose Sibly ya no se volverÃa a despertar. Estaba muerto como una piedra.
En la taza de hojalata medio llena de agua que estaba junto a la cama, con la que habÃa aplacado su sed, encontraron ácido cianhÃdrico[39] suficiente para matar a cincuenta hombres.
Pero el veneno no le interesó tanto al inspector Parr como el pequeño cÃrculo de papel carmesà que fue hallado flotando en la superficie del agua.