El circulo carmesi
El circulo carmesi Tras haber cerrado la puerta con llave, el señor Marl se encontraba en su dormitorio, ocupado en una tarea que no cesaba de traerle recuerdos desagradables.
Veinticinco años antes, cuando era inquilino del enorme presidio francés de Toulouse, se habÃa visto obligado a trabajar en una zapaterÃa, y el manejo de las botas llegó a convertirse en una experiencia cotidiana. En verdad, la tarea que habÃa realizado allà habÃa sido la de reparar, no la de destruir. En este momento y provisto de un afilado cuchillo, estaba haciendo trizas un par de botas de charol puntiagudas que sólo se habÃa puesto tres veces. Cortaba el cuero tira tras tira, echándolas a la lumbre una por una.
Algunas personas viven y sufren intensamente. El señor Felix Marl era una de esas personas, capaces de concentrar en un solo dÃa el terror de toda una eternidad. Un diario habÃa conseguido de algún modo la noticia de la pisada descubierta en la finca Beardmore, y un nuevo temor se habÃa añadido a los que confundÃan y paralizaban a aquel hombre corpulento. Estaba sentado en mangas de camisa, con el rostro bañado en sudor, ya que habÃa encendido un fuego demasiado grande y la habitación se habÃa caldeado en exceso.