El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡No, ninguna! —respondió Elsa—, Porque supongo que está usted enterado de la crisis del Ministerio.
—¿Nada más? —preguntó el viejo.
—Nada más excepto el escándalo de las drogas.
Tara levantó la cabeza al instante, preguntando:
—¿El escándalo de las drogas? ¿Qué quiere usted decir?
Entonces, Elsa cogió el periódico de nuevo y dijo:
—Se trata de dos bandas que están importando drogas a Inglaterra. Yo creÃa que esto no le interesaba a usted.
Elsa le miró y frunció el ceño, muy extrañada porque el viejo se habÃa puesto lÃvido; tenÃa la boca entreabierta y sus ojos mostraban una expresión de espanto.
—¿Dos bandas? —preguntó—. ¿Qué quiere usted decir? ¡A ver. Lea, lea usted eso!
—Yo pienso que… —empezó a decir la muchacha.
—No me importa lo que usted piense. ¡Léame eso en seguida!
Ocultando su asombro, la muchacha buscó la noticia, que ocupaba media columna en la primera página y decÃa asÃ: