El hombre siniestro
El hombre siniestro Las primeras palabras de Amery fueron para hablar precisamente de esto:
—AsÃ, ¿va usted a dejarnos, miss Marlowe? —dijo—. Bien. De este modo me evita usted el disgusto de despedirla.
Al oÃr aquellas palabras, la muchacha se irguió ofendida:
—¡PodrÃa usted evitarme la ofensa de decÃrmelo, al menos, mayor Amery! —repuso en tono altivo—. Le voy a dejar por la sencilla razón de que es imposible para ninguna joven trabajar con usted. Porque sus modales y su lenguaje son insoportables para una mujer.
Amery puso cara de sincera sorpresa y contestó:
—¿De veras? —Y luego, en otro tono—: ¿No me habÃa dicho usted que no sabÃa nada de la Stanford?
—Y lo repito —contestó la muchacha—. Por dos veces me ha llamado usted embustera, y espero que no tendrá ocasión de repetir el insulto.
Amery se sorprendió al observar la pasión con que Elsa hablaba, que prosiguió diciendo: