El hombre siniestro
El hombre siniestro »Iba por la mitad de la calle, que a esta hora de la noche, diez y cuarto o diez y media, está solitaria y tranquila, cuando un coche se ha detenido junto a la acera, y de él se han apeado dos hombres. Un tercer personaje ha aparecido en escena en ese momento, y entonces, con gran sorpresa por mi parte y el horror consiguiente, he visto que los tres empezaban a pelearse. Aunque yo no soy belicoso por naturaleza, ni mucho menos, me he acercado con ánimo de separarles. Me he dado cuenta pronto de que los dos agresores eran hombres fornidos; en cuanto al tercero, o sea el atacado, no he podido verle bien, porque los otros le habían echado un paño o saco por la cabeza, a pesar de lo cual el infeliz se defendía desesperadamente.
»Casi inmediatamente de acercarme, he recibido un terrible golpe en la cabeza, y me he desvanecido. Al recobrar el conocimiento, me he encontrado en brazos del mayor Amery y de un amable transeúnte; entre los dos me han traído aquí, pues esto ha sucedido a la puerta misma de esta casa.
—Ha olvidado usted la carta, mister Tupperwill —dijo Amery secamente.