El hombre siniestro

El hombre siniestro

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Trene la llevó primero a su habitación, recibiéndola con gran alegría. Sólo después se enteró miss Marlowe de que Ralph estaba también allí.

—He querido que antes mi cuñada la instalara —dijo el doctor, al estrechar la mano de la muchacha amablemente.

Elsa se alegró de encontrarle allí, porque no acababa de sentirse bien con «la cuñada».

—Esta noche cena con nosotros un buen amigo —dijo Trene Hallam—, y que creo que usted conoce también. ¡Mister Tuckerwill!

—¡Tupperwill! —exclamó el doctor.

—¡Ah, ya! El banquero. No es precisamente amigo mío, aunque me lo han presentado. ¡Pobre señor!

—Ya está casi bien —dijo Ralph. Y. temeroso de que su mujer hiciera alguna de las suyas y Elsa comprendiera que no le había visto en su vida, la hizo salir de su habitación.

Una vez lejos, le explicó:

—Mister Tupperwill fue agredido la otra noche por unos desconocidos, ¿sabes? Recuerda bien su nombre y ten cuidado. Miss Marlowe es lista como un lince.

—¿Para qué has invitado al banquero?

—Sobre todo para que miss Marlowe vaya tomando más confianza contigo. Quiero que llegue a ser buena amiga tuya. Me conviene… ya sabrás más adelante por qué.


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