El hombre siniestro
El hombre siniestro Elsa durmió aquella noche mucho mejor que de ordinario, y se alegró una vez se hubo levantado de encontrarse sola en un bonito comedor para desayunar.
Louise ya le había advertido que se levantaba tarde.
El mayor Amery no había llegado aún a la oficina cuando entró miss Marlowe, y eran las once cuando se presentó. Normalmente se dirigía a su despacho; pero ese día pasó primero por el de Elsa, saludando brevemente a la muchacha.
Elsa creyó distinguir en el rostro de Amery las huellas de una mala noche.
Poco después se presentó en el despacho Feng Ho, preguntando por el mayor Amery.
—Está aquí, ¿verdad? —dijo el chino, que añadió con una leve sonrisa—: Cuando se hacen excursiones nocturnas no se puede madrugar. En fin, voy a verle.
Y sin esperar más, entró en el despacho de Amery.
Elsa frunció el ceño, pues encontraba a Feng Ho extraño y un poco nervioso. ¿Qué le sucedía?
El chino permaneció una media hora con Amery, y durante este tiempo, Elsa estuvo oyendo a los dos hombres que gritaban, discutiendo por lo visto en chino.
Cuando salió, Elsa oyó el timbre que la llamaba, y entró a su vez en el despacho de su jefe.
