El hombre siniestro
El hombre siniestro AsÃ. John Stillman, el cliente misterioso del Banco Stebbing, ¿era Elsa Marlowe? ¿Era posible esto? ¿La sobrina de mister Tarn? Y ¿estaba enterada la muchacha de esto, siquiera?
Amery pudo decir, al cabo de un instante:
—¿Se refiere usted a miss Marlowe, mi secretaria?
Pero Tupperwill, que estaba ronco de cólera, temblando y muy sofocado, contestó:
—¡Yo no me refiero a nadie! ¡Usted ha querido sorprenderme para averiguar un secreto del banco! ¡No le perdonaré nunca…!
La puerta se habÃa abierto, y el viejo conserje estaba en el umbral.
Tupperwill, de pie como el mayor ahora, exclamó, en tono airado, extendiendo la mano derecha hacia la puerta:
—¡Acompañe usted al señor a la calle, y bajo ninguna circunstancia ni excusa le permita que vuelva a poner los pies aquÃ!
Amery, que miraba al banquero con ojos llenos de asombro, dijo todavÃa, sin moverse:
—¡O le han engañado a usted burdamente, mister Tupperwill, o miente usted! ¡Miss Marlowe no tiene en su banco ninguna cuenta, ni a su nombre ni con otro nombre falso!
