El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Ah, ópera! Era lo que le entusiasmaba más a aquel señor tan gordo y reluciente… ¿Cómo se llamaba?
—¿Se refiere usted a mister Tupperwill?
—SÃ, a él me refiero. Estará usted deseando volver a verle, ¿verdad?
—¡Pues no, no tengo muchas ganas, mistress Hallam!
—¿No le es simpático?
—No me es antipático tampoco… Es un señor muy amable.
—Y que parece que le dio usted un flechazo, ¿eh, picara? Le advierto que dicen está cargado de oro. Además, es un hombre muy listo… y un gran financiero, aunque quizá demasiado hablador. No me gustan los hombres asÃ.
—En ese caso le gustarÃa a usted el mayor Amery, que es un hombre muy reservado y extraño.
Louise se estremeció ligeramente y contestó:
—¡Uy, el mayor Amery! ¡El dÃa que ese hombre se muera, me pondré un traje blanco!
Al quedarse sola, Elsa se dijo que habÃa mucha gente que odiaba al mayor Amery…
Y la certeza de que entre aquella «mucha gente» no estaba incluida ella misma le causó una inmensa sorpresa que la dejó largo rato pensativa.