El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Usted cree que Soyoka mató a Tarn? ¿Y cree usted que Amery está relacionado con el crimen?
—Yo creo que si Amery no ha intervenido directamente en el crimen, ha sido su promotor al menos, o uno de los cómplices. Tiene una historia negra. Ese hombre fue expulsado del Political Service por tráfico de opio en China, y pienso que si no es Soyoka mismo, es el jefe de la banda de los aficionados.
—¿Cómo? —interrumpió el jefe—. ¿No decía usted que el jefe de los aficionados era el doctor Hallam?
—Lo que yo digo es que Hallam es también uno de los principales. Y si el mayor Amery es el jefe, Hallam lo ignora. Esa gente trabaja así siempre. Amery es listo como una ardilla, un verdadero traficante de drogas, escurridizo como una anguila y un hombre muy peligroso, a fin de cuentas.
—¿Le ha costado a usted mucho trabajo detener a Moropoulos y traerle a Londres? —preguntó otro inspector.
—No —repuso sir James—. En Cleveland no encontraron cargos contra él, y como yo estaba en comunicación con la policía de allí, pedí que me lo enviaran. Le acompaña un detective yanqui. Yo creo que hablará… ¡Callen, creo que ya está aquí!
Entró un agente entregando un papel al jefe que dijo, tras mirar rápidamente la nota: