El hombre siniestro
El hombre siniestro —En efecto, a mister Tarn. Yo no sé si él era el pájaro gordo; pero estoy seguro de que era uno de los principales. Yo habÃa tenido ciertas relaciones comerciales con él… En cierta ocasión le traje de Alemania una gran cantidad de cocaÃna, en una caja especial, que tenÃa cinco departamentos, uno encima de otro… una especie de maleta con eso que ustedes llaman bandejas, ¿no? ¡Bueno! Supongo que la habrán encontrado en su casa, ¿verdad?
—¿La maleta? —preguntó Bickerson.
—SÃ.
—No sé…
—Bueno, quizá la enterrarÃan o la quemarÃan. Yo sólo les digo que la traje para él, con la cocaÃna, y que tuve con él una larga conversación antes de salir de Inglaterra.
—¿Le dijo a usted algo mister Tarn de la banda de Soyoka?
El griego frunció levemente el ceño, y respondió con viveza:
—No, señor, Soyoka fue quien hizo que me detuvieran en Cleveland. Un detective me cogió allá. Soyoka me acusa de haber invadido sus dominios, lo cual no es verdad en modo alguno, porque yo era el único que me encargaba de las drogas en todo Ohio.
—¿Y tiene usted alguna sospecha sobre quién es Soyoka? —preguntó entonces Bickerson.