El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Quién es Hallam? —interrumpió el griego con leve sorpresa—. ¿Se refiere usted quizá al hermanito de Stillman?
—¿Cómo. Stillman?
—¡Ah!
Moropoulos se sorprendió al ver el efecto que aquel nombre habÃa producido en el inspector.
—Yo creÃa que usted le conocÃa. ¿No le ha oÃdo nombrar nunca?
—¡SÃ, alguna vez! —respondió el detective, recobrándose de la sorpresa—. ¿Quién es Stillman?
El griego tardó ahora unos momentos en contestar, y al fin dijo:
—Verá usted. Yo no conozco a Stillman ni le he visto nunca. Tengo entendido que es uno de los jefes de la banda de Soyoka. Yo supe de él, precisamente, por uno de los agentes de Soyoka, al que conocà en Nueva York. Y. si quiere que le diga la verdad, me parece que ese nombre. Stillman, es un seudónimo.
Y ahora, basta ya de preguntas, amigo mÃo, y déjeme que me las entienda con la comida, ¿de acuerdo?
Bickerson procuró que el griego bebiera mucho, pero ni aun asà consiguió desatarle la lengua. Luego le acompañó hasta el hotel, le dejó instalado y se fue a casa del doctor Hallam.
Cuando llamó, el doctor salÃa, vestido de noche, y al verle le dijo: