El hombre siniestro
El hombre siniestro —Espero, mister Amery, que lo que usted está diciendo no sea verdad, y si lo es, yo he sido vilmente engañado. Es verdad que me encuentro en un mal trance. Ciertas indiscreciones, que han llegado a oÃdos de un individuo peligroso, me han puesto en manos de éste, y precisamente he venido a preguntarle a usted ahora si aquel documento que me dijo usted que estaba en su poder podrÃa sernos de alguna utilidad a usted o a mÃ.
—A ninguno de los dos —respondió Amery al instante.
El banquero se puso más pálido y continuó:
—La última vez que nos vimos, mister Amery, usted me habló de un tal mister Stillman. Y ahora estoy perdido, al borde de la ruina, créame, y vengo a pedirle que me aconseje, ya que quizá sea la última vez que nos veamos.
—¡Oh, nos volveremos a ver alguna otra vez! —exclamó el mayor.
Tupperwill pareció vacilar, pero al fin se decidió a añadir: