El hombre siniestro
El hombre siniestro —Usted me anunció un dÃa, con videncia de hombre de mundo, que cierto cliente del banco me arruinarÃa a mà y a mi establecimiento. Su predicción está a punto de cumplirse, mayor Amery. Y ahora mire qué me pasa: he concedido créditos a cierta persona, hasta un lÃmite mucho mayor de lo que aconsejaba la prudencia, y he sido engañado, horriblemente engañado. Y ahora, no sólo es mi fortuna, sino mi vida misma la que está en peligro. Hace dos años, yo estaba al frente de un establecimiento próspero y que gozaba en la City de un prestigio y un crédito enormes.
—Hace dos años —le interrumpió el mayor Amery con dureza— estaba usted a la cabeza de un banco en quiebra y que sólo vivÃa por la falsificación de cuentas y firmas. El Banco Stebbing ha sido insolvente desde hace muchos años. El orgullo y el amor propio de usted le han impedido asociarse a otros bancos, como éstos pretendÃan. Y la verdad es que usted no se atrevÃa a permitir que se hiciera una investigación en los libros de su banco, porque está seguro de que ello le llevarÃa irremediablemente a la cárcel.
El banquero estaba mudo de espanto. Y. con los ojos muy abiertos, dijo: