El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Pues si, la verdad! —dijo ella sonriendo a su vez y como vacilando—. A mà me recuerda esos reptiles de la selva, un animal fuerte y arrogante, aunque le advierto que no tiene nada de guapo. Sus ojos tienen una expresión cruel, y a veces tan triste que me dan ganas de llorar. Pero se hace odioso, créalo usted. Mi compañera de oficina, miss Dame, le llama «el hombre siniestro» y quizá tiene razón. Yo pienso a veces, al mirarle, que parece estar atormentado por el peso de algún terrible crimen que gravitara sobre su conciencia. Es desconfiado, receloso…, se cree que los demás van a mentirle siempre. Además, se mueve sin hacer ruido, lleva zapatos con suela de fieltro y le asusta a una siempre. Mister Maurice no lo puede ver.
—¡Sà que parece una persona desagradable! —comentó el doctor—. De todos modos, mi consejo es que no se deje usted impresionar por él. Yo creo, como mister Maurice, que le convendrÃa a usted marcharse por algún tiempo de la oficina. ¿No conoce usted a mi cuñada?
—¡No sabÃa que tuviese una cuñada!
—Pues sÃ. Y verá cómo le gusta. Voy a decirle que la invite a usted a pasar unos dÃas en su casa.
El criado entró con una bandeja, y Elsa tuvo que comer un poco. Ya se disponÃa a marcharse cuando un taxi se detuvo ante la puerta.
—¿Quién es? —preguntó, intrigada.