El hombre siniestro
El hombre siniestro —Completamente seguro. Miss Marlowe no ha estado aquà desde hace varias semanas. Ahora quizá la encuentre usted en el Palace, donde he reservado una habitación para ella.
Cuando Bickerson volvió a Scotland Yard, mister Wille le dijo, después de escucharle:
—Miss Marlowe no puede estar en casa de los Dame, por la sencilla razón de que la casa está ocupada por la policÃa. La persona que la liberó anoche es la que la tiene escondida o se ocupa de ella en estos instantes. Telefonee usted a todas las comisarÃas de policÃa, dando bien sus señas personales; para que la detengan donde la encuentren. Y escuche bien esto: mañana, a las nueve de la mañana, todos los detectives e inspectores que han intervenido en el caso que nos ocupa han, de estar en casa de los Dame, sin falta. ¿De acuerdo?
Bickerson volvió a su despacho para seguir las diligencias y examinar con detalle los papeles y las cosas encontradas sobre el cadáver de Dame.
De pronto se levantó y volvió al despacho de su jefe, mister Wille, y le preguntó:
—Mister Wille, ¿no me podrÃa dar usted un mandamiento autorizándome a registrar la casa del doctor Hallam?
El superintendente, sin levantar la cabeza, respondió en tono firme:
—¡No!