El hombre siniestro
El hombre siniestro Al salir de allÃ. Bickerson recordó que en el despacho de Amery habÃa un vigilante y llamó por teléfono para preguntar por miss Marlowe.
—Miss Marlowe se ha ido muy tarde, señor —le contestó el vigilante—. Eran más de las siete.
—¿Iba sola?
—No. Señor, el doctor Hallam la estaba esperando desde hacia rato y se fue con ella.
El detective se encaminó entonces a casa de Hallam, que esta vez tardó mucho en abrirle.
—¡Hola, amigo Bickerson! —saludó alegremente—. Viene usted a detenerme por lo del chino, ¿verdad?
—No, ya hablaremos de eso —respondió el detective, entrando—. Ahora vengo sólo a preguntarle por qué me ha mentido usted, diciéndome que habÃa recogido al herido, y también para que me diga algo sobre miss Marlowe, a la que usted acompañaba esta tarde a las siete, ¿no es asÃ?
—En efecto, amigo Bickerson. La he ido a esperar a su despacho.
—Y desde allÃ, ¿adónde han ido?
—La he acompañado a Notting Hill. Iba a ver a su compañera, miss Dame.
—¿Está seguro de que no la ha traÃdo aquÃ?