El hombre siniestro
El hombre siniestro La llevó al otro extremo de la casa, y entonces, señalando una puerta, dijo:
—¡Mire, Elsa: ésta es su habitación! Y esta…, esta otra puerta que ve enfrente, es la del gabinete… donde ahora está escondido un hombre que, aunque me resulte penoso confesarlo, es el verdadero dueño de su vida y de su destino, el verdadero dueño de la situación.
Elsa retrocedió, pero él la empujó y la hizo entrar en el gabinete, al tiempo que decía:
—¡Aquí está la muchacha!