El hombre siniestro
El hombre siniestro Elsa regresó a la oficina más tranquila. Hallam no estaba enterado de ciertas cosas… y se alegraba de no haberle hablado de ellas. Ralph, por ejemplo, ignoraba que Tarn bebÃa últimamente mucho más que de costumbre. Ahora comprendÃa la muchacha que el viejo se habÃa estado aturdiendo, como preparándose para hacerle la terrible confesión de que querÃa casarse con ella. De todos modos, le preocupaba el hecho de que Maurice se mostrase tan inquieto. Algo grave le ocurrÃa.
Bajó de un salto del taxi y subió la escalera de la oficina, esperando que el mayor Amery no la hubiese llamado a su oficina.
Al empujar la puerta, vio a un hombre sentado junto a la ventana, de espaldas, que llevaba abrigo, a pesar del dÃa caluroso. Por encima del cuello de la prenda, se veÃa una cabellera negra y brillante.
¿Quién era este hombre?
Al oÃr el ruido de la puerta, el desconocido se puso en pie y se giró rápidamente. Elsa se quedó sorprendida. ¡Era un chino!
