El hombre siniestro
El hombre siniestro 
Mister Maurice Tarn dijo con voz dulce y bondadosa:
—¡Usted es hermosa y joven! Es muy probable que viva muchos más años que yo. Comprendo Elsa que no soy el hombre que usted ha soñado para casarse. Eso serÃa demasiado egoÃsmo por mi parte, y yo no soy egoÃsta. Cuando yo muriera, usted serÃa muy rica; y mientras yo viviese, usted disfrutarÃa de mi riqueza de modo absoluto. Claro está que comprendo también que usted nunca me habrá mirado a mà como a un posible esposo; pero no tiene nada de extraño que un tutor se case con su pupila, y la diferencia de edad no serÃa tampoco un obstáculo insuperable.
Hablaba como un hombre que recita una lección aprendida de memoria minuciosamente y Elsa Marlowe le escuchó con gran asombro.
