El hombre siniestro
El hombre siniestro Buscó el listÃn, y pronto encontró la dirección y el número de teléfono:
«AMERY — MAYOR P. 97 — b, Brook Street. MAYFAYR. N.º 10 016».
El pensamiento de que el hombre estuviera dormido y de que ella pudiera despertarle la llenó de maliciosa alegrÃa, y le hizo sonreÃr al coger el auricular.
Esperó un rato, después de marcar el número, y al fin oyó el timbre y una voz que preguntaba:
—¿Quién es?
Elsa sonrió al reconocer la voz de su jefe, y preguntó en tono amable:
—¿Es el mayor Amery?
—En efecto. ¿Qué desea usted, miss Marlowe?
¡Le habÃa reconocido la voz! La muchacha se quedó asombrada y muda unos instantes, y al fin pudo decir:
—Oiga, acabo de recibir la visita de uno de sus amigos… que por suerte, no ha podido entrar en mi casa.
—¿Cómo? ¿Un amigo mÃo? ¿Se refiere usted acaso, al chino Feng Ho?
—En efecto, mister Amery. El chino Feng Ho. Estaba intentando entrar en mi dormitorio por la ventana.
Hubo un breve silencio ahora. Luego, la voz del mayor Amery exclamó: