El hombre siniestro
El hombre siniestro Elsa, como todas las muchachas, soñaba con un tipo de hombre al que adornaba con todas las virtudes, y cuya parte moral y cuya conducta le importaban mucho más que su aspecto fÃsico.
Aquella mañana, durante el desayuno, mister Tarn hizo una leve referencia al tema del dÃa anterior, aunque sin insistir, por fortuna.
Elsa comprendÃa que tenÃa que marcharse de allÃ, pero no era tan fácil, porque llevaba muchos años en aquella casa viviendo con su tutor. Por otra parte, encontraba cada vez más inaceptable la oferta de mistress Hallam.
Poco antes del mediodÃa, Amery la llamó a su despacho y le dio órdenes por si le llamaban por teléfono en su ausencia. La muchacha observó que llevaba un traje nuevo de color gris y le encontraba más elegante.
Estuvo largo rato dictándole cartas y luego sin mirarla, como de costumbre, le preguntó:
—¿Tiene usted amigos en Shanghai, miss Marlowe?
—¿En Shanghai? —repitió la muchacha, muy sorprendida—. No, mayor Amery.
—Es una ciudad extraña —siguió diciendo Amery—. ¡Llena de escándalos! Supongo que usted habrá oÃdo más de una vez habladurÃas, ¿no?
