El hombre siniestro
El hombre siniestro El inspector detective William Bickerson acababa de redactar un informe para sus jefes cuando, al mirar el reloj, vio que eran las nueve menos cuarto. En este mismo instante, un ujier entró para anunciarle la visita del doctor Ralph Hallam.
—¡Adelante! —dijo el inspector amablemente—. ¡Caramba, doctor, hace un siglo que no le veÃa! Desgraciadamente, no podré estar mucho tiempo con usted, porque tengo una cita a las nueve. ¿Me necesita usted…?
—QuerÃa hablarle a propósito de esas bandas que se dedican a las drogas.
—¡Ah, las drogas! ¿Es que sabe algo?
—Sé algo y adivino mucho. Y si usted me ayuda…
Bickerson guardó silencio unos momentos; luego, preguntó:
—¿Usted es amigo de mister Tarn, doctor?
—SÃ, hemos sido muy amigos; ahora, ya no tanto. ¿Por qué me lo pregunta?
—Porque precisamente es el individuo con el que estoy citado a las nueve. Me ha llamado diciéndome que tiene que decirme algo muy importante. Yo me temo que estuviera borracho. ¿Usted no es su médico?
—SÃ, pero apenas ejerzo. ¿A las nueve, dice usted? ¿Quiere que le acompañe?
—Venga, aunque no creo que delante de usted el hombre se atreva a hablar mucho.
