El hombre siniestro
El hombre siniestro Cuando se quedó sola, Elsa recordó que no había dicho nada a Hallam de la visita nocturna del chino. Y no es que la muchacha se hubiera olvidado de ello; dos o tres veces había estado a punto de comunicarle la extraña noticia, pero no sabía qué le había impedido hacerlo.
Luego, cuando ya oía a su tutor manipular torpemente en la cerradura, se dijo, con una extraña y triste sonrisa, que quizá el no haber contado la noticia a Hallam se debía…, ¡sí, tal vez!, a que ella estaba amparando, ocultando y encubriendo a Paul Amery, a su odiado y odioso jefe.