El hombre siniestro
El hombre siniestro Camino de Elgin Crescent, el detective preguntó a Ralph:
—¿Dónde está la muchacha? ¿No vive con él?
—SÃ, normalmente, sÃ; pero esta noche está en casa de una parienta mÃa. La verdad es que la chica tiene muchos disgustos con el viejo este, que cada vez está más insufrible. Está aterrado por la banda de Soyoka.
—¿Qué quiere usted decir? —preguntó el detective, deteniéndose un momento—. ¿Qué banda es ésa?
—¡No, nada! —respondió el doctor, quitándole importancia—. ¡Una de tantas fantasÃas del viejo! Se cree que le persiguen. De eso precisamente venÃa yo a hablarle a usted esta noche.
Hubo un corto silencio, y luego Bickerson dijo:
—No sé por qué, pero me parece que el viejo me llama para hablarme de eso también. Bien, ya estamos; pase usted primero, ya que conoce la casa.
Ralph llamó al timbre, y viendo que no sonaba, volvió a llamar. En ese momento se dio cuenta de que la puerta no estaba cerrada.
—¡Vaya! —exclamó—. ¡Si está abierto!
Entraron y Hallam a tientas, encontró el interruptor de la luz, pero no habÃa corriente eléctrica.
—¡Qué extraño! —dijo—. Quizá se ha fundido la bombilla. ¡Suba conmigo!