La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo

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Al capitalismo que hoy se encuentra firmemente establecido le resulta relativamente fácil reclutar sus trabajadores en todos los países industriales y en las áreas industriales dentro de cada país. Pero en el pasado, en cada caso particular, esto constituyó un problema extremadamente arduo. {[44]} Aún hoy no consigue su objetivo — al menos no siempre — sin la ayuda de un poderoso colaborador que, como veremos más adelante, ya estuvo a su lado en la época de su desarrollo. Un ejemplo servirá otra vez para aclarar la cuestión.

Las trabajadoras, sobre todo las solteras, presentan hoy con especial frecuencia el cuadro de una forma antigua, tradicional, del trabajo. Una queja casi generalizada de los empleadores es que estas trabajadoras poseen una incapacidad casi absoluta para abandonar las modalidades tradicionales de trabajo que una vez aprendieron, para adaptarse a formas distintas, más prácticas, de trabajar. El aprenderlas, el concentrar el raciocinio o aún el usarlo en absoluto, les resulta totalmente imposible por de pronto a las jóvenes alemanas. Los argumentos acerca de la posibilidad de organizar el trabajo de forma más fácil, y sobre todo más soportable, por lo general chocan contra su completa incomprensión. Un aumento de la remuneración por unidad producida se estrella sin efecto alguno contra el muro de la costumbre.


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