La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo
La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo Hasta la segunda mitad del siglo pasado y desde la óptica de nuestros conceptos actuales la vida de un distribuidor de productos artesanales fue bastante cómoda, al menos en algunos ramos de la industria textil continental europea {[51]}. Se la podría imaginar aproximadamente de la siguiente manera: los campesinos venían a la ciudad con sus tejidos — con frecuencia (como en el caso del lino) manufacturados en forma predominante, o incluso totalmente, con materias primas de producción propia. En la ciudad, después de una cuidadosa verificación de calidad, — a menudo oficial — los distribuidores estimaban y pagaban los precios usuales por la mercadería. Para la comercialización de los bienes en lugares ubicados a distancias mayores, los clientes de estos distribuidores eran intermediarios que también concurrían a la ciudad y que, en la mayoría de los casos, compraban – todavía no según muestras sino según calidades tradicionales – directamente del depósito, o bien por pedidos efectuados con gran anticipación que eventualmente se trasladaban a los campesinos.