El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Adoptó una actitud de malhumorada sumisión. Era evidente que desaprobaba en gran manera, pero que no prohibía. La escapada de Bensington, que así es como ella debió de considerarla, la dejaría, seguramente, muy agitada, y su peor acción consistió en querer cuidarlo con acerba persistencia de un resfriado que Bensington no había cogido y por una fatiga que había olvidado hacía mucho tiempo, y en comprarle una nueva especie de ropa interior higiénica de lanas combinadas, que tenía la particularidad de volverse del revés, en parte, con mucha facilidad, y en parte no, y donde resultaba tan difícil meter a un hombre olvidadizo como en los salones de la alta sociedad. Y así, durante cierto tiempo, y en tanto que le dejó algún rato libre el manejo de esta nueva indumentaria, continuó participando en el desarrollo de este nuevo elemento en la historia de la humanidad, el Alimento de los Dioses.