El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Serán mucho más altos, claro está —interrumpió Winkles con el aire de saberlo todo, intentando disuadir a Bensington de sus simples ideas—. Serán indiscutiblemente mayores. Pero ¡oiga usted lo que me dijo! ¡¿Serán asà más dichosos?! Este es su argumento. Curioso, ¿verdad? ¿Serán asà mejores? ¿Serán más respetuosos ante la autoridad legalmente constituida? ¿Será justo, aun para los mismos niños? Es curioso lo preocupados que están esos tipos por la justicia… en cuanto se refiera a las disposiciones para el porvenir. Incluso hoy en dÃa —prosiguió diciendo— el coste de la alimentación y el vestido de los niños es superior a lo que muchos de sus padres pueden permitirse, ¡y si esta clase de alimento llega a autorizarse…! ¿Eh, qué tal…?
«Y, vea usted, resulta luego que él transforma mi insinuación incidental en una propuesta positiva. Y luego se pone a calcular lo que costarán unos pantalones para un chico que crezca hasta alcanzar la talla de seis metros o más. Como si realmente creyera… Diez libras esterlinas, calcula, por unos pantalones con un mÃnimo de decencia. ¡Qué hombre tan curioso ese Caterham! ¡Tan concreto! El honrado y trabajador contribuyente deberá pagar por esto, según él. También dice que tenemos que tomar en consideración los Derechos de los Padres. Todo está aquÃ. En dos columnas. El padre tiene el derecho de criar a sus hijos según su propio tamaño…