El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —SÃ.
—¡Vaya! —exclamó Winkles con acento profundo dirigiéndose hacia la alfombra de la chimenea—. Pero ¿acaso deben ustedes…?
—Debemos ¿qué?
—¿Deben ustedes publicarlo?
—No estamos en la Edad Media —dijo Redwood.
—Lo sé.
—Como dice Cossar, de sabios es mudar de opinión… Este es el verdadero método cientÃfico.
—En la mayorÃa de los casos, asà es… Pero éste es un caso excepcional.
—Vamos a exponerlo todo ante la Royal Society en su debida forma —propuso Redwood.
Winkles volvió a hablar de lo mismo en otra ocasión.
—Desde muchos aspectos es un descubrimiento excepcional.
—Eso no importa —dijo Redwood.
—Es que esta clase de conocimientos podrÃan ser fácilmente objeto de abusos, de graves peligros, como dice Caterham.
Redwood no dijo nada.
—Hasta por descuido, ¿sabe usted…? Y si formáramos un comité de personas de toda confianza para controlar la fabricación del Alimento Estrella —de la Heracleoforbia, quiero decir— tal vez podrÃamos…