El alimento de los dioses
El alimento de los dioses La noche siguiente de su conversación con Redwood, el señor Bensington apenas pudo pegar los ojos. En una ocasión pareció que iba a descabezar un sueñecito, pero fue sólo un momento, durante el cual soñó que había cavado un profundísimo pozo en la tierra, en el que vertía toneladas y más toneladas del Alimento de los Dioses, y la tierra se iba hinchando, hinchando cada vez más, y las fronteras de los países estallaban y la Royal Geographical Society se ponía a trabajar con gran ahínco, como un gran gremio de sastres, a fin de aflojar el cinturón del ecuador…
Aquello fue, naturalmente, un sueño absurdo, pero demuestra el estado de excitación mental a que llegó el señor Bensington y el valor real que prestaba a su idea, mucho mejor de lo que pudiera hacerlo cualquiera de las cosas que hacía o decía mientras estaba despierto y alerta. De otro modo, no lo habría mencionado, ya que, por regla general, no creo nada interesante que la gente vaya por ahí contándose sus sueños unos a otros.
Por una singular coincidencia, Redwood también tuvo un sueño la noche aquella, y este sueño fue así:
