El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Luego se puso otra vez los lentes, se volvió hacia el atril patentado, que, al chocar con su codo, dio un coqueto chirrido y depositó el artículo con todos sus diagramas, arrugados y dispersos, en el suelo.
—¡Por Júpiter! —repitió el señor Bensington, doblando el estómago por encima del brazo del sillón con evidente desprecio para las costumbres de dicho mueble. Y viendo que el artículo quedaba todavía fuera de su alcance, no tuvo otro remedio que ir a gatas en su búsqueda. Fue al verlo en el suelo cuando se le ocurrió la idea de bautizarlo el Alimento de los Dioses…
Porque, vamos a ver, si él tenía razón y Redwood también, resultaba que inyectando o administrando la sustancia descubierta por él con la comida, se eliminaría la «fase de reposo», y en lugar de efectuarse el crecimiento de esta manera,
se efectuaría (no sé si soy claro), así: