El alimento de los dioses
El alimento de los dioses No cabe la menor duda de que la negativa de Redwood de hacer partícipe a Winkles de la composición de la Heracleoforbia IV había despertado en este caballero una novísima e intensa afición hacia la química analítica. Winkles no era un manipulador experto, y probablemente por este motivo consideró más apropiado trabajar, no en los laboratorios excelentemente equipados que se hallaban a su disposición en Londres, sino, sin consultar con nadie y con un aire casi de gran secreto, en un rudimentario laboratorio muy reducido que había instalado en el jardín de la quinta de Keston. No parece haber demostrado una gran habilidad en sus investigaciones. Por el contrario, puede deducirse que abandonó toda investigación después de trabajar intermitentemente durante un mes en este asunto.
Este laboratorio del jardín, donde realizó Winkles su trabajo, estaba muy someramente equipado, provisto de agua por una cañería vertical, y el agua residual se vertía en un sumidero que iba a parar a una balsa cenagosa bordeada de juncos, bajo un aliso, en un rincón aislado de los pastos comunales, por fuera del vallado de su jardín. La cañería estaba agrietada y el residuo del Alimento de los Dioses se escapaba por la grieta para ir a parar a una charca en medio de grupos de juncos. Esto sucedía al comienzo de la primavera.