El alimento de los dioses
El alimento de los dioses La primera persona en descubrir lo que estaba ocurriendo fue un tal Lukey Carrington, profesor especial en Ciencias de la Junta de Educación de Londres y en sus ratos de ocio especialista en algas de agua dulce, y no hay que envidiarle por su descubrimiento. Había ido a pasar el día a Keston Common, a fin de llenar unos cuantos tubos con ejemplares para ulterior examen, y así llegó con una docena de tubos de cristal tapados con corchos, que tintineaban suavemente en su bolsillo, apareciendo primero en lo alto de la arenosa loma para descender hacia la charca, con el bastón herrado en la mano. Un muchacho jardinero, que se hallaba arriba, en los peldaños de la cocina, recortando el seto del doctor Winkles, lo vio en aquel rincón de mundo tan poco frecuentado, encontrándolo tanto a él como a su ocupación lo suficientemente inexplicables e interesantes para merecer una estrecha y atinada observación al asunto.