El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Entonces ella se sintió gravemente ofendida y él tuvo que pedirle perdón, y el proyecto de poder probar el Alimento de los Dioses en los renacuajos y en su propio piso se desvaneció por completo entre las excusas.
Así Bensington tuvo que considerar otra manera de poner en práctica estos experimentos sobre la alimentación, necesarios para demostrar su descubrimiento, tan pronto como hubiese aislado y preparado su sustancia. Meditó durante algunos días la posibilidad de confiar el cuidado de sus renacuajos a alguna persona digna de toda su confianza, y luego, un buen día, al dar por casualidad con una frase en el periódico, sus ideas se enfocaron sobre la posibilidad de establecer una Granja Experimental y experimentar con pollos.
Apenas pensó en el asunto, imaginó que sería una granja avícola. Tuvo la visión de unos pollos creciendo desmesuradamente. Concibió la imagen de unos gallineros descomunales, y aun más descomunales todavía, creciendo fabulosa e ininterrumpidamente. Los pollos son tan accesibles, tan fáciles de alimentar y observar, tanto más secos para manejar y medir, que los renacuajos le parecían ya, comparándolos con los pollos, unas bestezuelas completamente salvajes e incontrolables. Se quedó muy perplejo, sin comprender cómo no había pensado desde el principio en pollos y en gallinas en vez de renacuajos.