El alimento de los dioses
El alimento de los dioses La dama en cuestión enfocó sus ideas en otra dirección más esperanzadora, censurando de paso tremendamente, como es natural, a Caddles. Unos emisarios, henchidos de diplomáticas amenazas, penetraron en las agitadas vidas de Bensington y de Redwood. Se presentaron como consejeros de la parroquia, estólidos, insistiendo fonográficamente en unas declaraciones prestablecidas.
—Le consideramos a usted responsable, señor Bensington, de los daños causados en nuestra parroquia. Le consideramos a usted responsable.
Una serie de procuradores, como lenguas de serpientes, que se llamaban Banghurst, Brown, Flapp, Codlin, Brown, Tedder y Snoxton y que aparecÃan invariablemente bajo la forma de unos caballeros pequeñitos, bermejos, de aspecto astuto y nariz puntiaguda, dijeron algunas vaguedades sobre daños y perjuicios, y también se presentó un buen dÃa un personaje muy lustroso, el representante de la dama del solar que, dirigiéndose a Redwood, le preguntó:
—Bueno, señor, ¿qué se propone usted hacer?
A lo cual Redwood contestó que se proponÃa suprimir la provisión de alimento para el niño, si él o Bensington seguÃan siendo molestados por aquel concepto.