El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Los retratos hechos en invierno son menos numerosos y satisfactorios. En ellos lleva enormes zuecos, sin duda de madera de haya, y (tal como lo demuestran los fragmentos de la inscripción «John Stickells, Iping») sacos por calcetines, sus pantalones asà como su chaqueta han sido inequÃvocamente cortados de los restos de una alfombra de alegre diseño. Debajo de aquello hay burdos pañales de franela; cinco o seis metros de franela están arrollados alrededor de la garganta, a guisa de bufanda. —Lo que lleva en la cabeza es, probablemente otro saco. Siempre mira la cámara fotográfica, a veces sonriente, a veces con mirada triste. Ya desde que tenÃa cinco años se puede ver aquel voluntarioso fruncimiento de la frente, sobre sus dulces ojos pardos, que caracteriza su semblante.