El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Y asà continuaba reflexionando, cuatro años más tarde, cuando el vicario, ya no maduro, sino ya pasado, lo vio por última vez. Podéis imaginaros al viejo caballero, visiblemente envejecido, más ancho de cintura, más tosco y más débil, tanto en ideas como en palabras, con una trémula agitación en la mano y otra trémula agitación en sus convicciones, pero con la mirada aún vivaz y alegre a pesar de todos los disgustos que el Alimento habÃa acarreado a su parroquia y a él mismo. En algunas ocasiones se habÃa sentido atemorizado y molesto pero ¿no estaba aún vivo y no seguÃa siendo él mismo?… quince largos años, una muestra apreciable de la eternidad, habÃan transformado las perturbaciones y molestias en usos y costumbres.
