El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Fue un gran trastorno, hay que admitirlo —decÃa el vicario—, y las cosas son diferentes ahora, diferentes en muchos aspectos. Antes podÃa salir un chico a escardar con toda tranquilidad, pero ahora tiene que salir un hombre y aún provisto de hacha y palanca de hierro, en algunos sitios, a causa de las malezas, al menos. Y resulta algo extraño para nosotros, los viejos del lugar, que hasta lo que antes era el cauce del rÃo, antes de la irrigación, esté cubierto de trigo… como lo está este año… con unas espigas de siete metros y medio. Empleaban la antigua hoz, hoy ya pasada de moda, hace veinte años, y se llevaban la cosecha en un carromato, divirtiéndose de un modo sencillo y honesto. Un poquito de borrachera, otro poquito de hacerse el amor para terminar… ¡Pobre Lady Wondershoot…! ¡A ella que no le gustaban estas innovaciones! ¡Muy conservadora y tradicional, pobre señora! Siempre dije que habÃa en ella algo del siglo XVIII. Su modo de hablar, por ejemplo… Falto de vigor… «Murió relativamente pobre. Esos grandes hierbajos se metieron en su jardÃn. No es que fuese muy aficionada a la jardinerÃa, pero le gustaba tener el jardÃn en orden… Le gustaba que las cosas crecieran allà donde se habÃan plantado y del mismo modo como se habÃan plantado… bajo su control… El modo como se pusieron a crecer las cosas fue del todo inesperado… y le produjo una gran confusión de ideas… Tampoco le gustaba la perpetua invasión del joven monstruo ése, y por fin empezó a imaginarse que la estaba mirando siempre por encima de la tapia… Ni le gustaba tampoco que el chiquillo fuese casi tan alto como una pared… Aquello chocaba con su sentido de la proporción. ¡Pobre señora! Creà que vivirÃa lo que yo. Fueron los grandes escarabajos que aparecieron por aquà durante un año o asÃ, lo que la decidió. ProcedÃan de larvas gigantes, asquerosas, grandes como ratas… por toda la hierba del valle…