El alimento de los dioses
El alimento de los dioses «La nueva pollada ha roto la cáscara, y no me gusta nada. Crecen con mucha lozanÃa, muy diferente de como era el último lote antes de que usted nos diera sus instrucciones recientes. El último de ellos, antes de que el gato lo cogiera, era un pollo hermoso y robusto, pero los de esta última crÃa crecen como cardos silvestres. Jamás vi nada igual. Picotean con tanta fuerza que perforan las botas de modo que no he podido tomar las medidas exactas, tal como usted me habÃa pedido. Son verdaderos gigantes y comen como tales. Pronto necesitaremos más trigo, porque nunca se han visto gallinas que coman como estos polluelos. Son ya mayores que los Bantam. A este paso, serán aves de exposición, con lo lozanos que están. Los Plymouth Rock ni se podrán comparar con ellos. Anoche me llevé un susto creyendo que el gato iba a por ellos; cuando miré por la ventana hubiera jurado que vi al gato metiéndose por debajo del alambrado. Los polluelos estaban despiertos y picoteando hambrientos cuando salà a ver, pero del gato, ni rastro. Por lo tanto, les di un puñado de trigo y cerré con candado el gallinero. DesearÃa saber si la alimentación tiene que continuar según las instrucciones recibidas. La mezcla que usted hizo ya casi se ha terminado y yo no quiero hacer ninguna mezcla a causa del accidente del pudding. Con los mejores deseos por parte de nosotros dos, y esperando que continuemos en su aprecio, con todos los respetos, su fiel servidor.